El 12 de agosto vivimos en nuestro pueblo un acontecimiento muy especial: un eclipse total de Sol que, seguramente, recordaremos durante muchos años.
Nos habíamos preparado con nuestras gafas especiales para poder observarlo con seguridad y con muchas ganas de compartir la experiencia. El Ayuntamiento habilitó El Salmoral como punto de encuentro y colocó allí carpas para que pudiéramos disfrutar del momento a la sombra.
Y como en cada ocasión, cada uno puso su granito de arena: esterillas, mantas, sombrillas... Cada cual se organizó como quiso o pudo para pasar juntos esa hora tan especial mirando al cielo.
Pero el eclipse no solo estaba allí arriba. Poco a poco pudimos notar cómo cambiaba la luz, descendía la temperatura y las sombras adquirían otra apariencia. El paisaje que conocemos de cada día parecía, por un momento, diferente.
Y eso es precisamente lo bonito de estos momentos: no solo vivimos un fenómeno astronómico, vivimos una experiencia compartida. Nos reunimos, esperamos, observamos, comentamos y disfrutamos juntos de algo que difícilmente volveremos a contemplar de la misma manera.
Un recuerdo para toda la vida.























